
Rio, me emociono, siento, pregunto. Quiero saber más, pero si es necesario me aguanto antes de volver a preguntar. Pienso, coqueteo, juego, me divierto, me entristezco. Escucho y repregunto. Denuncio, admiro, y me apasiono. Me voy con las canciones, y también vuelvo con ellas. Me canso pero me excito. Subo y bajo. Soy yo, pero en grupo. Voy a contrarreloj, para en realidad terminar haciendo tiempo. Programo, para terminar improvisando. En fin, hacer radio con el corazón es lo más parecido a estar enamorado. Sólo los que alguna vez lo hicieron (y con el corazón) saben de lo que hablo. Son esas cosquillitas en la panza cuando la luz roja se prende cada vez. Es casi orgásmico… arte en estado puro.




