domingo, 13 de septiembre de 2009

Los Solos

Últimamente fui testigo de varios solos. Se los puede ver en la mesa de al lado de un café, en la cola de espera de un pago fácil, en el banco de una plaza. Caminan sin camino, viven sin vida, y respiran el desaire. A veces me dan ganas de pellizcarlos para descubrir si son de verdad, o si simplemente parecen ser algo que no son.

Lo curioso es que de tanto en tanto, los solos se agrupan. Resulta incierto verlos reunidos en eventos sociales, festejando un cumpleaños, un fin de año, un asado. Crecen y se multiplican por todos lados, y dicen los que dicen saber, que son un fenómeno propio de estos tiempos caprichosos y vertiginosos, y de las ciudades tumultosas y alienadas.

Los solos más osados, a veces también conviven. Algunos alegan razones económicas, otros quizás lo hacen simplemente por costumbre, pero lo cierto es que en muchas ocasiones llevan encima años de silencios y soledades. Desde afuera se ve muy extraño. Pero seguramente sólo un solo debe saber lo que es estar verdaderamente solo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Incómodos

La palabra es desconcertante. La película juega con lo absurdo, lo imprevisible, lo ridículo. Juega con la monotonía, por momentos, insoportable. Pero hace reír hasta la médula. Dos hombres y una mujer, que no se sabe bien qué relación los une. Un viaje a Miramar, el pánico al dentista, una docente mitómana de arbolitos de navidad, y el chiste de un horóscopo. En un colage de incoherencia, avanza el relato. En el medio, mi ex profesor de teatro, Iván Moschner, que no cambió en nada. Los mínimos gestos de su cara exageran el sentido y hacen estallar al primer plano. Para no ser menos, el público en una sala de cine casi vacía, llena de risas de los pocos que estábamos. Qué manera de reírme. Altamente recomendable para los amantes de las sorpresas y el surrealismo.


viernes, 10 de octubre de 2008

Nicolás Casullo

Sociales está de duelo, y no es para menos. Tomar una clase con Nicolás Casullo era salir pensando de esas cuatro paredes cargadas de carteles, afiches y escraches. Tomar una clase con Casullo era dar vuelta la historia de las ideas del mundo filosófico para tratar de buscar alguna explicación al mundo actual, “pasar a contrapelo el cepillo”, como tantas veces escuché decir en su cátedra. Era de esos pocos docentes que a la profesión la llevan en la sangre, la sienten con el corazón, la viven en cada respiración. No sólo me causó pesar enterarme de su fallecimiento, sino que me sorprendió positivamente el cariño con el que la comunidad académica, sus colegas, y muchos de sus alumnos lo recordamos.
Sólo puedo decir que es uno de esos docentes a los que le estaré agradecida por siempre, porque son de los que hicieron y hacen de Sociales, la facultad que es, con su mística, su pensamiento crítico, su aire de romanticismo. Los que hicieron que la facultad camine a pesar de tener los pies atados por un presupuesto que nunca alcanza, por una estructura que no se sostiene, y que si no fuera por este tipo de docentes no se podría sostener. Pero por sobre todo, porque Casullo nos enseñó a creer en “la imperiosa defensa del lenguaje, en la defensa de la palabra, frente al ácido que significa la gran prensa” (Casullo dixit). Nos enseñó a pensar el mundo desde el costado fisurado, a entrarle a la vida también por sus grietas, a entender que el pensamiento contemporáneo es como la vida: complejo, relativo, fragmentado, difícil, pero no por eso intransitable. Muchas gracias Profesor!



http://www.clarin.com/diario/2008/10/10/sociedad/s-01778257.htm


Aquí copio algunos mails que me llegaron de otros compañeros a través de una lista de otra cátedra de la Facultad de Sociales. Parece que marcó la vida de más de uno con sus clases:


Que noticia de mierda!!!
Gustavo

la verdad que sí
Se siguen muriendo los buenos, y Mendez todavía respira
Analía
Nicolás Casullo falleció hoy. Por la tarde quienes lo estimamos nos encontraremos en la Biblioteca Nacional.
Matias

Desde hace ya un rato leo una y otra vez que anoche murio el profesor Nicolas Casullo y retomo una y otra vez la lectura del anuncio sin querer aceptar esta pérdida. Casi todos los estudiantes de Comunicacion pasamos por sus clases al menos durante un cuatrimeste y otros tomamos tambien sus cursos optativos para disfrutar una vez mas de sus ojos brillantes y su charla atrapante. Huelgan las palabras y abunda la tristeza de espíritu.
No vivo actualmente en Buenos Aires y la biblioteca nacional dista en mis posibilidades pero desde donde estoy lo saludo profesor donde quiera que esté.
Mariana Rodríguez vagaría

Y ENCIMA ERA FANATICO DE RACING!! UN MOSTRO!!! Una verdadera pena perder a este tipo de intelectuales
Benjamín

gran profesor, uno de los teoricos mas fascinante que tuve durante la carrera
Cecilia

Totalmente de acuerdo. Sin duda fue el mejor profesor que tuve. Lo recomendé a cuanta persona pude. Recuerdo los aplausos que con ganas dábamos al final del teórico.
Cursé PCPC como primer materia y me apasionó, lo que me inspiró mucho para seguir cursando.
Un gran dolor, una gran pérdida.
Celeste

viernes, 3 de octubre de 2008

Gracias a la Radio


Rio, me emociono, siento, pregunto. Quiero saber más, pero si es necesario me aguanto antes de volver a preguntar. Pienso, coqueteo, juego, me divierto, me entristezco. Escucho y repregunto. Denuncio, admiro, y me apasiono. Me voy con las canciones, y también vuelvo con ellas. Me canso pero me excito. Subo y bajo. Soy yo, pero en grupo. Voy a contrarreloj, para en realidad terminar haciendo tiempo. Programo, para terminar improvisando. En fin, hacer radio con el corazón es lo más parecido a estar enamorado. Sólo los que alguna vez lo hicieron (y con el corazón) saben de lo que hablo. Son esas cosquillitas en la panza cuando la luz roja se prende cada vez. Es casi orgásmico… arte en estado puro.



lunes, 15 de septiembre de 2008

Puerto Madryn

Esa ciudad tiene, de entre todas las que conocí, el privilegio del amor. Sin que Buenos Aires (mi muy muy muy querida Buenos Aires) se ponga celosa, debo reconocer que me enamoré perdidamente y a primera vista de sus olas caprichosas, de su arena movediza, de sus tortas galesas. En esa ciudad aprendí, y disfruté; amé muchas cosas y renegué también de tantas otras. Pero no me perdí de nada: reí con sus chistes, lloré con su lluvia, recé en sus Iglesias. Y hasta leí sus diarios con ganas de escribirlos.
Nosé que tiene, nunca pude saberlo, y espero no saberlo jamás. Porque estoy segura que quizás sea eso que nose qué es, lo que tanto me atrapó… Igual ya no la extraño. Luego de un intenso verano, volví hace ya unos meses a mi querida, mi muy muy muy querida Buenos Aires, que como siempre me recibió con los brazos bien abiertos. Nosé si volví para quedarme. Pero siempre es reconfortante volver al primer amor.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Messis del amor

El amor es como el fútbol: mueve a multitudes, hace latir los corazones, y de vez en cuando también los rompe. Requiere de un entrenamiento constante, y por qué no, de un poco de buena suerte. A veces corremos, a veces nos corren. Y cuando parece que estamos a punto de convertir, se nos escapa la pelota y nos sorprende un contraataque. Nos quedamos boquiabiertos, rogando que el arquero evite lo inevitable.
Tratamos de remontarla, transpiramos la camiseta, la intercambiamos, y la volvemos a transpirar. Cuando no podemos salir a la cancha nos quedamos en el banco de suplentes, esperando ansiosamente que nos den el okey para poder entrar. Y una vez adentro, tenemos hinchada propia: quiénes sino nuestros amigos!!, que ríen y descargan bolsas de papel picado con nuestros goles, y están siempre para bancarnos a muerte en el descenso.. Porque el fútbol es eso, un juego de idas y vueltas, de gambetas, que como en la vida, a veces se gana, a veces se pierde.
Cabeceamos, nos caemos al piso, nos sacan en camilla, nos reponemos, y cuando queremos acordar estamos de nuevo adentro gritando goles que metemos con la mano de Dios. Cometemos faltas, nos sacan amarillas y también alguna roja. Nos juegan sucio, se vende el árbitro, o nos cortamos las piernas si el dopping da positivo. Y cuando parece que estamos ante el gol de nuestra vida, resulta que la banderita inoportuna nos delata adelantados…
Pero por sobre todo, el amor al igual que el fútbol, es un juego en equipo altamente impredecible. Tan, pero tan hermosamente impredecible como esos milagros que ocurren una vez cada tanto y nos sorprenden convirtiendo un GOOOOOOOOOOOOOOOOL en el tercer minuto adicionado. Y nadie, ni siquiera el jugador lo puede creer!! Es ahí cuando la cara se nos pinta con los colores del equipo, nos late el corazón en la garganta, y Dios desde el cielo festeja con nosotros que le hayamos entrado con tantas ganas al centro que nos tiró.

jueves, 4 de septiembre de 2008

BLOGFEST 08

Movida por mi curiosidad periodística – antropológica, ayer me di una vuelta por la BLOGFEST 08, que por lo que entendí, fue la primera fiesta para Bloggers organizada por Clarin, que se hizo en Puerto Madero. Mientras estaba en camino al encuentro, mis prejuicios hablaban en voz baja y decían para mis adentros que, como mucho, me daba 20 minutos ahí adentro. Pero debo reconocer, que una vez más, asomó mi capacidad de asombro.
Fue una experiencia extraña, atípica, para mi escasa experiencia de encuentros virtuales en la vida real. En este caso, la atipicidad estaba dada por la calidez de las personas que allí asistieron, es decir, aquellos que día a día postean sus experiencias, emociones y opiniones en una bitácora que como ésta a veces ni pretende ser leída.
Dueños de Blogs de cocina, diseño, animación, caricaturas, tecnológicos, eróticos, historiográficos, cultura general, literarios, y cambalacheros, fueron algunos de los tantos que asistieron a la fiesta. Personas que se conocían sólo por sus Nicks, pero que compartían la pasión de pasar horas frente a la computadora haciendo catarsis y confesiones de sus vidas y leyendo las ajenas. Hubo trencito (que de a ratos parecía descarrilar de alegría), saladitos ricos, sorteos de camaritas digitales y home theaters, y hasta tarjetitas personales con las direcciones de sus Blogs. Algunos con hasta 6.000 visitas diarias sponsoreados por la cerveza que tiene el sabor del encuentro y que están por cumplir 6 años de vida, y que como todo niño mimado y querido, festejará su cumpleaños con todas las de la ley.
Pero lo que más me sorprendió fue el alcance y las ramificaciones de esta experiencia que empezó como virtual. Los veía y me los imaginaba como almas inquietas tipeando desaforadamente a la luz de un velador en alguna noche de insomnio; o clandestinamente a plena luz del día en el horario de oficina mientras el jefe coquetea con la secretaria. O en casa, en ese momento de ocio que uno se permite para escapar de la insolente rutina. En cualquier lugar que haya una computadora conectada a Internet, cualquier persona puede construir su propio Blog, esta especie de diario íntimo del siglo XXI que se asume una intimidad leído por todos.
Cuando la pequeña Ana Frank escribió exiliada durante dos años su diario íntimo en el escondite que ella y su familia habitaron desde 1942 hasta 1944, jamás habría imaginado que esas líneas iban a dar la vuelta al mundo en forma de libro como testimonio de la monstruosidad nazi contra los judíos en la Alemania de Hitler. Hoy, ya sea por catarsis o por cualquier otra razón, quien quiera puede experimentar lo que es contarle al mundo entero su propia versión sobre la vida. A través de los Blogs, millones de testimonios se sumergen a diario entre lo conmovedor y lo frívolo, y dan la vuelta al mundo y sus satélites en apenas segundos, dejando testimonio escrito de nuestro presente.
Como una góndola de un supermercado chino, uno puede encontrar de todo en ellos: desde un calesitero contando cuál es el criterio con el que elige al nene que se queda con la sortija, hasta la forma en que procrean las ballenas. O mirar los videos más crueles de torturas y muertes filmados en una guerra en algún lejano país, que registraron periodistas de cadenas internacionales de televisión que luego fueron censurados por esas mismas cadenas, y buscan publicarlo como pueden. Es que el Blog tiene la capacidad de nuclear bajo su techo experiencias tan diferentes y complejas que de a ratos se convierte en una atracción que invita al que lee a seguir la brújula del link, en una lectura rápida y salteada, entre un sitio y otro, buscando encontrar siempre cosas nuevas. En un mundo de photoshops que permiten quitarle celulitis a las damas y agregarle pelo a los caballeros, estos espacios indefinibles que emanan a borbotones pueden incluso osar con borrar su propio pasado: en apenas unos instantes se pueden subir y bajar archivos, o borrar comentarios propios y de terceros que no convencen a su creador.
Pero al igual que en la Blogósfera, lo que más se respiraba ayer en la fiesta era la cercanía de la cotidianeidad. Esa paradójica cercanía que se respira en los Blogs entre quien escribe en forma coloquial y quien lee desde el rincón más remoto; ese estar juntos con desconocidos; ese saberse unido a millones de anónimos en el mismo instante en que se escribe y se lee, es quizás la esencia de este entramado de experiencias y conductas. Visto de esa forma, esa indescifrable histeria colectiva entre lo lejano y lo cercano, entre el estar y el huir, no deja de ser otro síntoma de esta inquietante, incomprensible y vertiginosa época.

martes, 26 de agosto de 2008

Renombrar el mundo


Difícilmente haya, para algunos comunicadores, tarea más difícil que renombrar el mundo, cuando ese mundo ya no está y se desecha la idea de abrazar la nostalgia. Es paradójico suponerlo, pero doy fe de que es muy real. Y digo esto porque, así como las palabras están cargadas de sentido y construyen mundos posibles, el acto de renombrar implica en muchas ocasiones vaciar el contenido simbólico de cada palabra y darle simultáneamente un sentido nuevo, una vida nueva, a ella y a nosotros.
Si bien esto es lo que creo que pasa cotidianamente con las palabras (que las reinventamos todo el tiempo), lo extraño y difícil deviene cuando, a través de una operación conciente pretendemos quitarles por la fuerza, justamente toda la fuerza que ellas tienen. Ahí es cuando los diccionarios no alcanzan para definir nada, y las definiciones nunca llegan. Y por más que lleguen, no encontramos las palabras que den cuenta de aquello que antes significaba esa cosa que ya no está. Será cuestión de re-significar cada fragmento del mundo, cada palabra, cada sonrisa. De inventar todo de nuevo. Ya lo decía Cortázar en Rayuela: "el mundo se ha hecho pedazos y hay que nombrarlo de nuevo". Así que si alguien tiene una idea de cómo se hace, les aseguro que más de una Mafalda lo querrá saber.

martes, 20 de mayo de 2008

Imperfectos

Hoy leí en Página 12 una entrevista que le hicieron a Jorge Drexler (qué encanto de hombre!!), en la que el cantante sin caer en una apología de la imperfección hablaba de ella como algo que él se permitía vivir con cierto gozo. Y tiró una frase que alguna vez le habían dicho, y que en mí quedó dando vueltas unos cuantos minutos: “La perfección ofende a los dioses”. Si se me permite el término, y sin intenciones de ofender, podría decir que esa definición me pareció “casi perfecta”, si se tiene en cuenta que lo único perfecto es la divinidad y el hombre es apenas un simple mortal que a veces se pretende Dios.
El punto es que, ¿quién alguna vez no aspiró a la perfección? El mejor trabajo, el mejor vestido, el mejor promedio, el helado más rico, la Internet más rápida. Nos bombardean de todos lados para “ofrecernos” lo mejor, para pedirnos que “demos” lo mejor, que seamos "lo más de lo más", o para que compremos lo mejor. (En este punto habría que definir qué se entiende por mejor, pero ese es otro capítulo, y dependerá de lo que cada uno ponga en juego ahí).

Si bien creo que aspirar a mejorarse es un gesto de salud, el planteo de Drexler me dejó reflexionando: por perfección a veces postergamos, nos paralizamos sin poder avanzar, nos quedamos en el ideal y perdemos de vista lo real, nos volvemos quisquillosos, no nos conformamos con nada, damos lugar a que la bandera de la intolerancia flamee a los cuatro vientos, o que los gatos terminen teniendo quintas patas (sin que ellos siquiera lo sepan, pobres mininos!!).
Miré hacia atrás y vi como muchas veces mis inútiles deseos de perfección me hicieron tropezar infinidad de veces; y cómo cuesta aprender la lección. No obstante, con el tiempo uno aprende a exigir menos (a los demás y a sí mismo), y disfrutar más. La madurez trae consigo permisividad: tratar de ponerse en el lugar del otro, y cuando nos olvidamos de nosotros mismos, volver y ponernos también en nuestros propios lugares.
Con el tiempo uno aprende que no puede saberlo todo, conocerlo todo, explicarlo todo, sentirlo todo, retenerlo todo (o inclusive nada). Somos apenas un pequeñín recorte, una partícula tan diminuta en la inmensidad del universo, que lo que yo pueda sentir, hacer, decir, pensar, es exageradamente ínfimo comparado con el esplendor del universo en su totalidad. Ante tanta inmensidad nos volvemos insignificantes, imperceptibles.. imperfectos.
La frase que trajo Drexler me pareció colmada de sabiduría. Aceptar la imperfección como parte de la condición humana es también aprender a reconciliarse con uno mismo, con las cosas que menos orgullo nos causan y que están ahí para recordarnos a cada momento que nuestro crecimiento depende, también, en parte de ellas. Y que gracias a Dios, no somos dioses.

Aquí el link de la nota:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-10115-2008-05-20.html



Por cierto, esta semana el encanto se presenta en el Gran Rex. Allí estaremos para cantar sus canciones !! Qué placeeeer!!!!


miércoles, 7 de mayo de 2008

Un acto de amor

El último fin de semana leí el libro “Historias de diván. Ocho relatos de vida”, del mediático psicoanalista argentino Gabriel Rolón. El libro relata historias de pacientes suyos que a lo largo del tratamiento psicoanalítico van encontrando los orígenes de sus malestares, explicaciones a angustias presentes que provienen de situaciones pasadas e inconscientes, y que se actualizan en cada elección actual. El autor recrea, con autorización de los pacientes y reserva de sus identidades, los diálogos –por momentos dolorosos, viscerales, humanos- que van surgiendo en cada entrevista.
Me pareció sumamente ágil, atrapante. Uno parecía estar ahí, presenciando las sesiones. Sintiendo lo que puede sentir el protagonista, deseando no estar en sus zapatos. Y puede, también de a ratos, identificarse con varios de ellos, porque en el fondo no dejan de ser vivencias de lo cotidiano nucleadas bajo denominadores comunes: el miedo, los celos, los duelos, la culpa, el sexo, la muerte, etc.
Me hizo acordar mucho a otro libro que leí hace unos años de otro psicoanalista, esta vez norteamericano. Se trata de “Verdugo del amor. Historias de psicoterapia”, de Irvin Yalom, el mismo autor de “El día que Nietzsche lloró”. Son, por supuesto, historias diferentes, pero que narran también la experiencia de personas que recurren al consultorio de Yalom para encontrarse a sí mismas. Tampoco tiene desperdicio.
Volviendo a Rolón, lo que más me gustó de su libro fue lo impredecible de cada historia, la intriga que se asomaba en cada relato, ese final que en cada caso era imposible anticipar. Pero lo que más profundamente me impactó fue la fortaleza espiritual de quienes, sabiéndose angustiados, buscaron en el psicoanálisis una herramienta más para superar aquello que tanto dolor les causaba, sin parar hasta enfrentarse cara a cara con sus más reprimidos recuerdos.
Les dejo unas palabras escritas por el autor en la introducción del libro que sintetizan, a mi entender, el espíritu de la obra: “Esta historia, a modo de metáfora, representa la batalla que, creo, debe librar cada paciente. La de vencer sus miedos, sus creencias y sus prejuicios para adentrarse en su infierno individual, con sus propias reglas, con sus fuegos eternos, sus pantanos y sus tormentos. Impulsado, también en este caso por el amor. Porque el psicoanálisis es, antes que nada, un acto de amor”.

Escribir

Escribir, ese intraducible recurso que nos queda cuando ya no queda nada. Ese coqueteo entre palabras y catarsis que no se anima a decir lo que quisiera decir; que dice como puede lo que no sabe si puede decir. Coqueteo. Catarsis. Y esa mezcla de indecible.
Así es como imagino que viven algunos escritores su experiencia con la literatura. Imagino, fantaseo, muchísimas cosas más entre el escritor y su prosa. Pero ésto, creo que es lo que más me conmueve, quizás porque es lo que ahora mismo me pasa; y lo que muchas veces me pasó. Por eso decidí reabrir este blog. Abrirme de nuevo, invitarlos a conocerme. Bienvenidos nuevamente, después de casi un año sin postear!

domingo, 1 de julio de 2007

Pedacitos de Dios

A veces nos encontramos con personas que no sabemos por qué llegan a nuestras vidas. Son pedacitos de Dios, capaces de hacernos replantear nuestra mirada sobre el mundo; tiran abajo años de convicciones, nos hacen entender que nuestra verdad no es tan verdad, y que somos también, porque ellos son parte de nuestra vida.
Ahí es cuando somos capaces de dejar el orgullo a un costado y abrirnos aunque nos cueste, con nuestras bellezas y miserias, que se filtran en cada palabra que enunciamos y en las que no podemos enunciar. Nos hacen bien, y a veces también, sin querer, nos hacen mal. Pero nos hacen. Por ellos aprendemos, crecemos, descubrimos, estamos dispuestos a cambiar. Entendemos que de nada sirve refugiarse en la ironía como mecanismo de defensa, y de nada sirve ocultar el miedo (el terrible miedo) que nos da hacernos cargo de todo lo que estas personitas nos producen con su sola presencia. Como nos volvemos adolescentes, buscamos explicaciones, racionalizamos, tratamos de entender (otro mecanismo de defensa), aún sabiendo que no hay nada que entender. Y entonces nos damos cuenta que en el fondo, (y esto es lo realmente importante), nos gustaría que se queden con nosotros cerca, bien cerca, abrazándonos muy fuerte por dentro y por fuera, como sólo a ellos les sale hacerlo.

jueves, 28 de junio de 2007

En algún cielo

Este mediodía la vida tocó el timbre de mi casa y se presentó en forma de sobre postal. El cartero me trajo un hermoso regalo desde España: En Algún Cielo, el último libro de cuentos de mi queridísimo y viejo amigo Marcelo Luján, escritor argentino que vive actualmente en Madrid, y que el año pasado recibió la tercera mención del concurso Clarín Novela.
Tuve el privilegio (y la hermosa complicidad que se repite desde hace casi 10 años), de leer el manuscrito de esos cuentos antes de que se publiquen. Y no puedo (ni quiero) ser objetivar. Creo que Cortázar se pondría celoso si supiera con qué entusiasmo lo leo.

Quienes quieran visitar su sitio:
www.marcelolujan.com
O su Blog:
http://www.elconceptodeficcion.blogspot.com/

domingo, 15 de abril de 2007

Cortázar y las pecas

Cortázar es uno de esos hombres a los que le pediría que me cuente las pecas si estuviera vivo. Es que los hombres me seducen especialmente por la inteligencia y la sensibilidad emocional. Y en Cortázar, hay que reconocer, esas dos características se combinan en un combo explosivo.

Cuestión que hace poco, escuché una vieja interpretación del cuento Casa Tomada, que yo desconocía y que me dejó cierto sabor amargo. Se la escuché decir a Pablo Alabarces, un ex profesor mío de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, quien me ha enseñado mucho académicamente. La versión “popular” que comentaba Pablo decía algo así como que Casa Tomada era una analogía de lo que opinaban los intelectuales y sectores medios, porteños y gorilas sobre peronismo por la época en que fue escrito el cuento: una especie de algo indefinido que iba apoderándose de los espacios y lugares públicos, que quienes detentaban el poder hegemónico se autoatribuian para sí mismos. Plaza de Mayo, teatros, salones de bailes, cines, y espacios culturales que constituían el corazón de Buenos Aires, ya no eran de quienes históricamente los transitaban sino de los “cabecitas negras”, una especie de masa uniforme de descamisados que venía a meter sus pies en las fuentes de las plazas al grito de “Perón, Perón que grande sos”.

Espantadas con tal versión autoritaria y paranoica del peronismo, mis pecas empezaron a salir corriendo horrorizadas de mi espalda. Y mi espalda, confieso, quedó bastante desilusionada, llorando solitariamente por los rincones.

Así estuvieron las pequitas, algo exiliadas durante meses, hasta que para mi feliz sorpresa, este fin de semana encontré en el cable una entrevista empezada que vaya a saber quién y en qué época tuvo la fortuna de hacer al mismísimo hombre flaco y alto, que fuma sin parar en cámara, un cigarrillo tras otro (ya ven que no fue Lanata el inventor de tal trasgresión). Estaba ahí, sentadito, en blanco y negro. Y en una se esas, sentí un alivio conmovedor cuando el periodista le preguntó a mi amor imposible si era verdad que quienes tomaban la casa del cuento eran los peronistas. Cortázar sonrió, dijo que ya había escuchado esa versión y que le parecía maravilloso que un mismo relato pudiera generar interpretaciones tan diversas. Dijo que no, que Casa Tomada fue resultado de una pesadilla que tuvo, donde él mismo estaba (aunque solo y sin ninguna hermana) en su propia casa, y que algo que no sabía que era, lo acorralaba y lo iba desplazando de una habitación a otra, hasta que finalmente termina en el último lugar habitable del hogar y es ahí cuando despierta sobresaltado a mitad de la noche. Dijo también que no pudo más que levantarse de la cama y escribir en forma de cuento tal horror; que los sueños tienen mucho de Freud y que quizás sí, algo indeterminado, inconsciente y reprimido pudo haber escapado en esa mezcla extraña que lo alteró. Pero que pudo ser cualquier cosa: una tía, un miedo, o incluso el mismísimo peronismo, sin que él supiera concientemente que era eso. Y entonces, llenas de felicidad volvieron mis pecas corriendo a mi espalda, como quien mete los pies en la fuente después de mucho caminar en un día de exagerado calor. Como las palabras de un cuento que buscan compulsivamente una casa a la cual tomar. Con ganas de que alguien las cuente.

viernes, 13 de abril de 2007

Amor líquido

Abro la puerta del microondas para calentar un café, y para mi propia sorpresa encuentro una taza llena de té de durazno, que me preparé yo misma ayer por la tarde. Así de descuidados podemos resultar a veces, al punto de olvidarnos de nuestras propias ganas en apenas tres minutos (que es lo que tarda en hacerse un té en ese aparatito postmoderno que vaya a saber quién inventó para calentar comidas usando luz eléctrica).

En tiempos como estos (solitarios, silenciosos), hasta esa mínima situación puede disparar los más absurdos pero sinceros interrogantes: cuánto duran las ganas, dónde empiezan y dónde terminan, o en qué momento los duraznos se convierten en té. ¿O cómo se hace para tener ganas de tener más ganas o aunque sea algunas pocas ganitas?

Y entre esas preguntas se cuelan muchas más, y una estremecedora sensación al caer en la cuenta de que a veces hay cosas, situaciones, e incluso vínculos, que en un momento pueden motivarnos visceralmente, y que al poco tiempo puedan dejar de cautivar nuestra escurridiza atención. Eso fue justamente lo que sentí esta tarde, mientras me tomaba el café que esta vez no olvidé sacar del microondas. Y no me gustó.

jueves, 12 de abril de 2007

Mujeres Elefantes - BAFICI

En una mezcla extraña que los propios directores denominan surrealista, Adrián Caetano y José María Muscari logran impregnar de humor absurdo y ácido un reclamo sindical en una fábrica argentina donde sólo trabajan mujeres. Bajo el título de Mujeres Elefantes, la dupla de culto lleva a la pantalla una crítica a la explotación laboral, al sensacionalismo mediático, y la indiferencia social. Y se permiten bucear en actitudes individuales por momentos colmadas de mezquindades; por momentos fruto de renuncias personales capaces de anteponer al otro antes que a uno mismo. Y todo eso sin salir jamás de las paredes del IMPA, la fábrica donde transcurre toda la ficción.
Hay pequeños detalles para criticar, pero mucho para aplaudir. Y no, no le hago la prensa a Muscari. Es sólo que ese muchacho me parece talentosamente brillante.

viernes, 2 de febrero de 2007

¿Es justo extrañar?

Antes tiraba la moneda más seguido. Ahora, en cambio, suelo tomar mis decisiones en términos de justicia: cuando no sé por qué opciones decidirme, priorizo la opción que me parece más justa, aún sabiendo que quizás sea injusta porque no logra satisfacer mis deseos de justicia en su totalidad. Esta fórmula, que me ha aliviado de grandes conflictos en diferentes ámbitos de mi vida, entró en crisis esta mañana cuando me pregunté si es justo extrañar.

¿Qué se extraña cuando se extraña? ¿Personas, reacciones, momentos, ausencias, el pasillo de algún edificio, fotos? ¿Todo eso o la nada misma porque ya no queda nada de eso que alguna vez fue algo? ¿Por qué hay que extrañar? ¿Es necesario? ¿Todos extrañamos? ¿Por qué a veces no extrañamos y a veces si? Nosé a quién zamarrear del cuello de la camisa para que me responda lo que quiero saber: si a la justicia, si al verbo extrañar, o a mi misma que hago este tipo de preguntas, que injustamente nosé si tienen respuestas.

lunes, 21 de agosto de 2006

Caminito

A veces la vida se nos presenta con cierta insolencia ante los ojos. Cuando uno menos lo espera, te encuentra un domingo de agosto recostada en un destartalado sillón, escuchando un tango de un tal Filiberto, que sale improvisadamente de una vieja guitarra.
Y uno cae en la cuenta de que vive en Buenos Aires hace diez años, y que nunca recorrió ese Caminito del que habla la canción. Que se cansó de ver casas de todos colores en postales insulsas, que cuelgan de expositores más insulsos todavía, en locales comerciales expropiados por turistas de dólares sobrevaluados.


Entonces, uno se levanta del sillón destartalado y decide recorrer esas calles de empedrado. Porque la curiosidad, cuando aparece, rasguña el cuerpo desde adentro del alma. Y como uno se siente en deuda consigo mismo, se deja llevar por la curiosidad. Se abriga con lo primero que encuentra, con lo que hay a mano en el viejo sillón, y sale con un buzo que no es de uno, a descubrir lo nuevo. A recorrer el Caminito. A preguntarse cuántas otras cosas que están a la vuelta de la esquina se desconocen; pasan impertinentemente inadvertidas ante nuestros propios ojos. O dejamos que pasen así…

Y entonces un domingo de agosto uno se ve a uno mismo tiritando de frío en una calle de La Boca, sacándole fotos a turistas con acento español; encontrando postales en un grupo de japoneses que con sus cámaras filmadoras no le sacan el lente de encima a una estatua viviente que tiene más frío que yo. O dejándose seducir por un espantapájaros que nunca está solo; o tomando un submarino en un bar atestado de gente, gente de fantasía con tristeza en la mirada.

Y con la mirada triste miramos la espuma del submarino. Dejamos que la mente viaja a cualquier lugar. Que viaje en el presente a cualquier momento del pasado o del futuro. Mientras Filiberto está ahí, como si nada. Sin hacerse cargo que fue él quien escribió la canción, que me llevó hasta ese lugar, que me sacó del calor de la salamandra al frío del empedrado. Filiberto que me obliga a preguntarme cuánto hay de real en el mundo. En el brushing de mi pelo; en las 44 canas de su barba. Y cuanto más existencial es la pregunta, más aterradora es la respuesta. Te dan ganas de huir, y sin embargo te quedás atrapado ahí, sin saber por qué. Claustrofóbicamente encerrado en un mundo que no parece real.

Entonces uno mira el bar atestado de gente sola. Y no puede más que dejar atrás el Caminito y volver en un taxi a su casa, al refugio de ladrillo, al estuche seguro, al lugar donde sabe que el aire está calentito porque antes de salir dejaste la estufa encendida.